Hablar hoy de hidrógeno renovable en Europa es, cada vez más, hablar de España. En apenas unos años, el país se ha situado en el centro de las grandes conversaciones sobre descarbonización, soberanía energética y reindustrialización verde. Y no es casualidad. España reúne una combinación de factores difícil de replicar en otros territorios europeos: abundancia de renovables, experiencia en infraestructuras energéticas, una posición geoestratégica clave y una estrategia pública y empresarial alineada.
El resultado es evidente. Proyectos de gran escala, inversiones y una red de actores públicos y privados que ya trabajan con una idea compartida: convertir a España en uno de los principales hubs europeos de producción, consumo y exportación de hidrógeno renovable.
El hidrógeno renovable se produce mediante electrólisis del agua utilizando electricidad de origen renovable. Esto significa que el coste y la disponibilidad de esa electricidad son decisivos. En este punto, España parte con ventaja.
El país cuenta con uno de los mayores potenciales solares y eólicos de Europa, lo que se traduce en una capacidad creciente para generar electricidad limpia a precios competitivos. A ello se suma una orografía que permite desplegar grandes proyectos renovables y una red eléctrica cada vez más preparada para integrar nueva generación. En un contexto europeo marcado por la necesidad de reducir la dependencia energética exterior, esta combinación resulta especialmente atractiva.
La Península Ibérica funciona como una puerta natural entre el sur de Europa y los grandes polos industriales del continente
Pero la ventaja española no es solo energética. También es geográfica. La Península Ibérica funciona como una puerta natural entre el sur de Europa y los grandes polos industriales del continente. Hoy, gracias al hidrógeno, se está convirtiendo en un activo estratégico de primer orden.
Si hay un proyecto que simboliza el nuevo papel de España en el mapa energético europeo, ese es H2med. Se trata del primer gran corredor de hidrógeno renovable concebido a escala europea, con un objetivo claro: conectar la capacidad de producción del suroeste europeo con la demanda industrial del centro y norte del continente.
H2med es una infraestructura que permitirá transportar hasta dos millones de toneladas de hidrógeno renovable al año. Una cifra que, por sí sola, da una idea de la magnitud del proyecto.
El corredor se articula en dos grandes tramos. Por un lado, CelZa, la interconexión terrestre que unirá Portugal y España a través de Zamora. Por otro, BarMar, un ducto submarino que conectará Barcelona con Marsella y que será clave para llevar la producción ibérica directamente al mercado francés y, desde ahí, al centro industrial europeo.
BarMar es especialmente relevante no solo por su complejidad técnica, sino porque representa un cambio de paradigma: por primera vez, Europa diseña una gran infraestructura transfronteriza pensada desde el inicio para el hidrógeno, como vector energético del futuro.
En este proceso, Enagás ha asumido un papel protagonista. La compañía, operadora de la red de gas natural en España, se sitúa como uno de los grandes motores del hidrógeno renovable en España.
Enagás lidera el diseño de una infraestructura nacional que conectará zonas de producción, grandes centros industriales, almacenamientos y puntos de exportación
Designada como operador provisional de la red troncal de hidrógeno, Enagás lidera el diseño de la Red Troncal del Hidrógeno, una infraestructura nacional que conectará zonas de producción, grandes centros industriales, almacenamientos y puntos de exportación. Hablamos de una red de más de 2.600 kilómetros, llamada a convertirse en el esqueleto del futuro sistema energético del hidrógeno en España.

Pero más allá de la ingeniería, y de acuerdo con el Reglamento europeo 2022/869, Enagás está desplegando el Plan de Participación Pública en el territorio, uno de los más ambiciosos llevados a cabo hasta la fecha, que busca involucrar a comunidades autónomas, ayuntamientos, empresas y ciudadanía en la definición de los trazados y prioridades de la red.
Además, su implicación en proyectos internacionales como H2med o en alianzas con grandes actores energéticos europeos refuerza la idea de que España, además de contar con un gran potencial para la producción de hidrógeno, va a jugar un papel imprescindible en su transporte y comercialización a escala continental.
El impulso del hidrógeno renovable en España no sería posible sin una clara apuesta desde el sector público. En los últimos años, el Gobierno ha movilizado miles de millones de euros en ayudas, muchas de ellas procedentes de fondos europeos, para acelerar proyectos industriales ligados al hidrógeno.
Según el Censo de Proyectos de la Asociación Española del Hidrógeno (AeH2), la capacidad instalada de electrólisis declarada hasta 2030 se estima ahora en alrededor de 13,3 GW, una cifra que ya supera el objetivo original del Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC), que marcaba un objetivo de 12 GW para ese año.
En este sentido, uno de los ejes más visibles son los llamados valles de hidrógeno, clústeres industriales donde producción, almacenamiento y consumo se desarrollan de forma integrada. Andalucía, Aragón, Castilla y León, Cataluña o Galicia concentran algunos de los proyectos más ambiciosos, con capacidades de electrólisis que sitúan a España entre los países líderes de Europa.
Uno de los ejes más visibles son los llamados valles de hidrógeno, clústeres industriales donde producción, almacenamiento y consumo se desarrollan de forma integrada
A esto se suma el éxito español en iniciativas comunitarias como el Banco Europeo del Hidrógeno, donde una parte muy significativa de los proyectos seleccionados se desarrollarán en territorio español. Más allá de la financiación directa, este respaldo europeo lanza un mensaje claro al mercado: España es un destino fiable y competitivo para invertir en hidrógeno renovable.
El desarrollo del hidrógeno abre oportunidades que van mucho más allá del sector energético. Para regiones con tradición industrial, el hidrógeno puede convertirse en una herramienta clave para descarbonizar procesos intensivos y mantener actividad y empleo. Para otras zonas, especialmente rurales, supone una vía para atraer inversión, infraestructura y nuevos proyectos ligados a las renovables.
Sectores como la química, la metalurgia, el transporte pesado o la agricultura miran ya al hidrógeno como una solución realista a medio plazo. Y España, por su capacidad de producción y su futura conectividad europea, se posiciona como un proveedor clave para todos ellos.
Además, el interés por soluciones de almacenamiento, como las cavidades salinas, refuerza la idea de un sistema energético más flexible, capaz de gestionar la intermitencia renovable y garantizar suministro continuo.
Todo apunta a que el hidrógeno renovable será una de las grandes palancas de la transición energética europea. Y en ese escenario, España ha pasado a convertirse en protagonista.
La combinación de recursos naturales, proyectos estratégicos como H2med, el liderazgo de actores como Enagás y un respaldo público sostenido está sentando las bases de un ecosistema sólido y creíble. Un ecosistema que no solo contribuye a los objetivos climáticos, sino que redefine el papel de España en el mapa energético y geopolítico de Europa.