Las mujeres representan la mitad de la población mundial. Sin embargo, la Organización Internacional del Trabajo (OIT), organismo de las Naciones Unidas especializado en los asuntos laborales, estima que, de las mujeres en edad de trabajar, apenas lo hace un 46,4 % frente a un 69,5 % de los hombres. Es decir, que su participación efectiva en la fuerza laboral está lejos de ser equivalente a la de los hombres.
La propia OIT advierte que, si se mantiene el ritmo actual de progreso, lograr la plena igualdad de tasas de empleo entre hombres y mujeres a escala global podría llevar casi dos siglos. Y recuerda que en los últimos 30 años la brecha de empleabilidad apenas se ha reducido 4 puntos porcentuales, siendo de 27,1 puntos en 1991 a los 23,1 actuales.
Son datos que reflejan cómo, a pesar de décadas de políticas de acceso a la educación y empleo, continúan existiendo barreras que frenan la incorporación equitativa de las mujeres al mercado laboral. Este desequilibrio estructural también se traduce en ingresos: en 2025, las mujeres ganaron 78 centavos por cada dólar que ganaron los hombres, de acuerdo con datos recogidos por la misma organización.
Cada 8 de marzo, el Día Internacional de la Mujer vuelve a situar en el centro del debate público una pregunta que ya no admite respuestas retóricas: ¿estamos avanzando realmente hacia la igualdad efectiva en el entorno laboral y empresarial? Las cifras más recientes muestran una realidad dual. Por un lado, el progreso es innegable. Por otro, el ritmo sigue siendo insuficiente si se compara con el potencial transformador que tendría una igualdad plena en términos económicos, sociales y organizativos.
Medidas para lograr la igualdad de género en el entorno laboral
Si observamos el contexto en el que vivimos, el de la transición energética, la digitalización y la redefinición de los modelos productivos, la igualdad de género constituye un elemento clave para acometer los retos que se presentan. Ya no es un punto más de una lista de tareas por cumplir. Ahora es un factor estratégico.
Las compañías comprometidas con dicha igualdad son las que promueven la identificación del talento femenino para incorporarlo y desarrollarlo. Así, además de aumentar su presencia en las plantillas, también las impulsan para que tengan una carrera con posibilidades reales de desarrollo y acceso a puestos directivos.
En el caso de Enagás, por ejemplo, cuenta con un Plan de Igualdad que guía todas las actuaciones para promover una igualdad efectiva. Incluye desde medidas para garantizar el progreso por méritos propios hasta el impulso de la conciliación de la vida laboral con la personal. Los ámbitos en los que actúa abarcan procesos como los de sensibilización y comunicación, selección y contratación, formación, retribución, entre otros.
El Comité Ejecutivo de la compañía es una muestra de que los compromisos se traducen en hechos: el 50 % son mujeres. El Consejo de Administración también cuenta con un 40% de representación femenina.
Enagás ha recibido diferentes reconocimientos como resultado por este tipo de iniciativas. En 2025 fue la segunda mejor empresa del mundo en igualdad de género y la primera de su sector, según el índice Women’s Equality in the Workplace elaborado por Equileap.
Los retos para lograr la igualdad de género en el sector empresarial
Si bien la presencia de mujeres en posiciones de entry level se ha acercado a la de los hombres, su representación decrece a medida que se sube en la jerarquía empresarial. El informe Women in the Workplace 2025 de McKinsey & Company y LeanIn.org documenta la siguiente realidad:
Son datos que ponen de manifiesto la realidad del llamado “broken rung” o escalón roto en la progresión profesional, considerada una gran barrera para acceder a la gestión.
¿Cómo está España en igualdad de género?
La situación española refleja tanto avances como desafíos por resolver. El índice ClosinGap 2026, que evalúa múltiples dimensiones de la igualdad, señala que la paridad en España alcanza un 65,7%, con una mejora marginal respecto al año anterior, pero a un ritmo que indica que aún podrían ser necesarios más de 30 años para alcanzar plena igualdad. La mayor brecha se observa en la conciliación familiar y laboral, seguida de la representación en sectores privados.
Otros datos muestran que mantener las brechas actuales podría suponer una pérdida de más de 255.000 millones de euros para la economía española, alrededor del 17% del PIB, así como la pérdida de 2,9 millones de puestos de trabajo potenciales para mujeres. Son cifras que evidencian que acelerar la igualdad de género es una oportunidad de crecimiento económico real para España y para cualquier economía avanzada.
Cuando las mujeres acceden a puestos de decisión, no solo se amplía la representación, sino que también cambian las dinámicas internas: se introducen nuevas perspectivas y se fomenta una gestión más inclusiva. Esta transformación se siente especialmente en sectores estratégicos, como la energía, la tecnología o la infraestructura, donde la diversidad en la toma de decisiones impulsa soluciones más creativas y sostenibles.
El 8M es, entonces, un momento para poner en valor lo que se ha logrado y reafirmar la ambición de lo que aún queda por hacer. España ha recorrido un largo camino, pero el verdadero progreso se mide en cultura inclusiva y oportunidades reales. La igualdad es hoy un motor de transformación: fortalece empresas, enriquece la economía y, sobre todo, construye una sociedad más justa y coherente con los valores que queremos transmitir a futuras generaciones.